Los días posteriores a Semana Santa y Pascua siguen marcados por músicas de origen religioso. Y abriendo este interesante ciclo Llums d’Antiga que organiza L’Auditori, nada menos que el grupo creado y dirigido desde hace años por Albert Recasens, que está desarrollando una muy importante labor produciendo casi cada año obras de compositores esenciales en nuestra cultura.
Salimos hace unos día de las maravillas de Tomás Luis de Victoria y en esta ocasión en Sant Felip Neri, la propuesta estaba centrada en la obra magistral de Giovanni Pierluigi da Palestrina, poco anterior en estricta cronología, aunque contemporáneo de Victoria, compositores al servicio de la iglesia que coincidieron incluso algunos años en Roma. No es este, lugar de comparar ambos estilos, que presentan diferencias sustanciales dada la mayor “humanización” de la música de Victoria, algo más distante –en la medida que era posible- del mandato de Trento. Y músico procedente de otra experiencia musical y con compañeros –aunque algo más jóvenes- en el arte polifónico del tan alto nivel como Cristobal de Morales o Francisco Guerrero.
La adustez de Palestrina quedó manifiesta en este programa de motetes, salmos, antífonas y responsorios. Y también la extrema sensibilidad de las Stanze sopra la Vergine, dos madrigales a cinco voces sobre textos de Petrarca, de intrincada y floral polifonía, frente a la deliciosa y sutil alabanza de Virgo prudentissima (motete a siete voces), o la preciosa Salve Regina (a 8), así como el clásico Stabat Mater Dolorosa –música que ilustra textos de Jacopone da Todi.
El programa fue ganando intensidad, en interpretaciones que han sabido conjugar la belleza de estas piezas polifónicas con el equilibrio y la claridad de la interpretación, y se cerró con la “sequencia” para el Domingo de Pascua, Victimae Paschali laudes, que, sumado a su sentido estricto, en estos tiempos de crueldad marcada por reconocibles vulgares asesinos ante las víctimas inocentes, no deja de tener actualidad. El sentido del arte cuando es profundo mantiene su mensaje en el circuito que establece con el espectador, sin el cual no existiría.